Por Adelina Geyer (GEO3BCN-CSIC)

En los últimos 60 años se han registrado anualmente entre 50 y 80 erupciones volcánicas. Cuando pensamos en un volcán, solemos imaginar una gran montaña, como el monte Fuji (Japón), o el domo de lava Puy de Dôme (Francia), pero es en el fondo de los océanos donde ocurre la gran mayoría del volcanismo en la Tierra. Se estima que más del 80% ocurre bajo el agua, tanto en zonas profundas (a kilómetros de profundidad) como someras (a algunos centenares de metros).

Durante una erupción, el tipo de actividad y los materiales volcánicos generados dependen principalmente de la composición y el contenido de gas en el magma que asciende a la superficie. En el caso del volcanismo submarino, otro factor principal es la profundidad de la zona de emisión de magma.

En la mayoría de las erupciones submarinas en aguas profundas, el magma suele ser de composición basáltica. El magma basáltico, de alta temperatura (1000 a 1200 °C), baja viscosidad (puede fluir con facilidad) y bajo contenido en gas, sale al fondo del océano en forma de fuentes y coladas de lava. Cuando estas entran en contacto con el agua fría (2 a 4 °C), la superficie exterior del magma se enfría rápidamente hasta convertirse en vidrio, dando lugar a diferentes tipos de lavas submarinas. La acumulación de materiales volcánicos en el fondo del mar, especialmente coladas de lava, da lugar a montes submarinos (seamounts). Son los volcanes más abundantes de la superficie de la Tierra ─se han identificado más de un millón─, pero los menos estudiados. Los montes submarinos pasan por varias etapas de crecimiento, y es común observar en sus cumbres cráteres de tamaño muy variable: de pocas decenas de metros a unos kilómetros. A partir de ellos puede llegar a crearse una gran isla volcánica, como son Tenerife o La Palma (Islas Canarias).

Otro fenómeno relacionado con el volcanismo submarino es la actividad hidrotermal, tanto en los montes submarinos como a lo largo de las dorsales oceánicas. El agua de mar se infiltra por las fracturas de la corteza, se calienta con las rocas volcánicas y el magma que hay en profundidad, reacciona con las rocas de la corteza oceánica y vuelve a subir al lecho marino. En su camino, los fluidos hidrotermales realizan un intercambio químico con las rocas, dejando atrás unos elementos y recogiendo otros que traen de vuelta hacia la superficie y al océano. Estas soluciones hidrotermales surgen a través de fumarolas en el fondo del océano a temperaturas que alcanzan varias centenas de grados. Al emerger, las soluciones precipitan diversos minerales (pirita, calcopirita, etc.) que forman depósitos y sedimentos ricos en hierro y manganeso. Además, las altas concentraciones de sulfuro de hidrógeno en estas fumarolas sustentan un conjunto biológico único, que incluye bacterias oxidantes de sulfuro, que forman la base de una cadena alimentaria.

 

Amplía esta lectura sobre volcanes bajo las aguas en el texto de Adelina Geyer (GEO3BCN-CSIC) ‘Volcanes submarinos, en Ciencia para llevar, el blog del CSIC en 20minutos.es.

IMAGEN: Ilustración inspirada en la actividad volcánica submarina. / Ilustración: Miriam Rivera (https://miriamriig.com/)

 

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